Clemente Alcántara, año 2005. foto Punto Cultural
Enamorado de Dolores (su mujer), de sus nietas (¡como buen abuelo!), y del arte de la pintura, al que lleva dedicada toda su vida, Clemente pasa los días entre su estudio y las clases en la Casa de la Cultura.
¿Recuerda qué fue lo primero que dibujó?
Sí, una de las primeras cosas que hice fue *El Martirio de San Sebastián*, lo hice en mi casa, en el barrio de San Sebastián, en 1949. También en esa época hice una reproducción del *Cristo de Veracruz*.
¿A qué pintores admiraba, en quién se fijaba cuando era joven?
Murillo, Velázquez, Zurbarán, Goya, Sorolla, los clásicos. Más recientemente, admiro mucho a Félix Revello de Toro, un gran retratista y una persona con una sencillez tremenda.
Usted fue copista en el Museo del Prado. Alguna vez me ha dicho que ahora ir al Museo no es como antes. ¿En qué ha cambiado?
Antes había copistas que se dedicaban a hacer cuadros que fueran lo más fiel posible al original y hoy lo que hacen es desvirtuar los cuadros. Yo estuve allí en el año 61, anteriormente había estado en el de Sevilla y copié mucho a Zurbarán y a Murillo.
A lo largo de su trayectoria ha realizado muchos retratos, incluso a muchos vecinos de Dos Hermanas. ¿Cuál recuerda con especial cariño?
Sí, el retrato al que le tengo más cariño es uno que está en el Museo del Ejército, de Don Adolfo Orás. Está allí desde 1961 y no lo supe hasta que fui, muchos años después, a visitarlo por casualidad. Su hijo lo había donado al Museo. Me sorprendió mucho cuando lo vi porque no me lo esperaba.
Lleva más de una década dando clases de pintura en la Universidad Popular, enseñando a los jóvenes.
Empecé a dar clases de pintura en la Casa de la Cultura antes de que existiera la Universidad Popular, en el 87. Ha cambiado mucho, ahora se da pintura al óleo porque a la mayoría no le gusta el dibujo, quieren pintar y dar color sin saber dibujar.
Da clases, sigue pintando, es un hombre muy activo... ¿cuál es el secreto para mantenerse tan vital?
Llevo unos cuantos años corriendo mucho porque me gustaría dejar muchas cosas hechas, quiero que haya mucha gente que tenga cosas mías. Le he entregado un retrato al Cardenal Amigo Vallejo y ahora acabo de empezar un retrato para José María Gómez.
Ha sido espectador de lujo de la evolución de la ciudad. ¿Qué es lo que más echa de menos de otros tiempos?
La paciencia de la gente, hoy hay mucho estrés, no hay tiempo para nada. Por eso hay tanto nerviosismo y ansiedad. Cuando yo tenía 10 años había un gran ambiente en la calle San Sebastián, entre las familias, y había mucho respeto.
Ha ganado en muchas cosas, es una gran ciudad. Muchas veces me pierdo en algunos barrios porque han crecido mucho y se han hecho muchas cosas. En ocasiones hay quejas de los comerciantes por las cosas del tráfico y eso, pero, en mi opinión, es bastante aceptable.
¿Y cuál es su visión de la actividad pictórica nazarena?
En Dos Hermanas hay muchos pintores y veo que hay mucha cantidad y poca calidad. La mayoría se decanta por la abstracción. No me gusta el concepto de 'supermercado del arte'. No rechazo a los que hacen pintura abstracta pero me tienen que demostrar, como hacía Picasso, que sabía pintar; o Dalí, un gran creador muy fantasioso, de mundos de sueños, pero que pintaba y dibujaba antes.
Circulan muchas versiones por ahí... Cuénteme la historia de su cuadro 'Dos Hermanas'
La historia comienza cuando derrumban el antiguo Ayuntamiento. Yo me ofrezco a hacer algo de las dos hermanas para el nuevo edificio. Cuando hice el cuadro, Antonio López Gutiérrez me dijo que pusiera a Santa Ana, un libro del convento de Sahagún, y un rótulo abajo que decía 'Leyenda de las dos hermanas según Fray Pedro de Castro'.
Cuando lo vio Pedro Sánchez me dijo que ese rótulo podría perjudicar al cuadro por la palabra 'leyenda'. Le quité el letrero y el libro, sin pensar que iba a tener tanta repercusión. Estuvo mucho tiempo en mi casa porque en el Ayuntamiento no le buscaron un sitio hasta que se lo llevaron a la Casa de la Cultura, donde se celebraban los matrimonios. Ahora el cuadro está en el despacho de José López Guisado. Yo estoy muy orgulloso del cuadro, al margen de toda polémica, tiene un gran valor sentimental.
Actualmente, hace cuadros por encargo. ¿Le han propuesto alguna vez un reto demasiado complicado?
Algunas veces me he visto atascado, pero yo borro más que pinto. El cuadro de la Virgen del Rocío que acabo de terminar, 'La blanca paloma de Juan Pablo II', es un encargo de Jesús Pérez, ha sido una innovación para mí. Me salen muchos encargos de retratos y bodegones pero también me complico yo, me gusta lo difícil porque resolverlo es bonito.
¿Qué siente cuando ve dibujando a su nieta Claudia?
Una alegría tremenda. Dibuja muy bien y quiere que la lleve ya a las clases de pintura pero es muy pequeña, va a cumplir diez años. A Andrea, otra de mi nietas, también le gusta, pero Claudia está siempre dibujando y preguntándome cosas de pintura.
Por Rosa Montero. Entrevista, Punto Cultural. 18 de noviembre de 2005, n.º 18

