Sí, como algunos habéis avanzado, son lazos de una gran amistad, que aúnan a un grupo de jóvenes allá por 1964

La fotografía que te envío guarda una historia que, aunque sencilla, pertenece a ese tiempo en que la vida parecía recién estrenada. En la imagen se ve a un muchacho encaramado al pedestal de una columna romana —estamos en Itálica— y a otro abajo, apoyado en la piedra antigua, como si ambos estuvieran posando para un imperio que ya no existe.
Tendríamos unos veinte años. Si hoy cuento setenta y nueve, basta hacer la cuenta para entender cuánto ha pasado desde entonces. Aquel día emprendimos un viaje que hoy suena casi romántico; fuimos en bicicleta desde Dos Hermanas hasta Santiponce. Éramos cinco: los dos que aparecen en la foto, Manuel Maqueda —el de las bicicletas, que ya era mayor que nosotros—, Salguero, que ya no está entre nosotros, y yo.

Los dos jóvenes de la imagen te costaría reconocerlos hoy. El que está arriba, con esa pose de emperador improvisado, como si fuera un Trajano o un Adriano recién coronado, se llamaba Cristóbal Varela. Entonces estaba soltero, lleno de vida. Hoy ya no vive. Y sin embargo, su historia siguió andando: Cristóbal fue el padre de Fernando Varela, y Fernando, a su vez, el padre del futbolista Varela, aquel que jugó en el Betis hace quince o veinte años, de la misma generación que Joaquín, Rivas, Arzu y toda aquella cantera que marcó una época. Así que el joven que ves subido a la columna es, nada menos, que el abuelo del jugador Varela.

El que está abajo era, para mí, algo más que un compañero: era un amigo íntimo, de esos con los que uno empieza a trabajar y a vivir al mismo tiempo. Tenía un apodo muy conocido en su tiempo: “El Pito”. Su padre, tonelero, también lo llevaba. Él se llama José Avilés Millán, y aún vive; tiene un año más que yo.

Su historia también siguió su curso: José es el abuelo de las hermanas Avilés, esas dos niñas que hoy cantan con tanta fuerza. Son hijas de Dani Avilés, que fue futbolista y que estuvo trabajando con Arzu, llevando al Recreativo de Huelva, o al menos así lo recuerdo.
Y así, en una sola fotografía, se cruzan dos muchachos que posan sin saberlo para el futuro: uno acabaría siendo abuelo de un futbolista del Betis; el otro, abuelo de dos artistas. Y nosotros, cinco chavales en bicicleta, creyendo que el mundo empezaba justo allí, entre las piedras romanas de Itálica.

Autor del texto y foto de su archivo: Alonso Carballido Romero