En la imagen, dibujo del término municipal nazareno realizado en 1787 por el cura Juan Vázquez Soriano, donde se señalan los pinares de la Carraholilla.
Hubo un tiempo en el que existieron frondosos pinares en las cercanías de Dos-Hermanas. Pinares que, además de ser un verdadero pulmón verde, constituían una fuente de riqueza para los habitantes del lugar. Dichos pinares, de los que, desgraciadamente, apenas quedan pequeños reductos, debido, como veremos, a la mala praxis de finales del siglo XIX, se encontraban, principalmente, en la zona este del término municipal y en las proximidades de la propia villa de Dos-Hermanas.

De los pinares se aprovechaba la vegetación que crecía entre los pinos y que en una fecha determinada del año se retiraba, limpiándose de esa forma la zona, con lo que se evitaban los incendios y, además, se conseguía combustible natural para los muchos hornos de cal y de ladrillos que existían en el término nazareno. Y, por supuesto, de los pinares se extraía una madera de gran calidad, que era destinada a la construcción de embarcaciones. Eso sí, por cada pino que se cortaba, se plantaba otros tantos, por lo que, de esta forma, se mantenía la masa forestal. Sobre este particular existe una extensa legislación (sobre todo del siglo XVIII, de la época de Carlos III) que era rigurosamente cumplida. Y ya en el XIX, la corteza del pino era utilizada para curtir y dar color a las pieles.

En Dos-Hermanas, existían pequeños pinares muy cerca de la población. No podemos olvidar el pinar que precisamente dio nombre popular a la actual calle Manuel de Falla y que aún existía en el siglo XVII. En las huertas de la Torre (aún existente) y de la hermandad de Señora Santa Ana, ambas al pie del camino real de Utrera, también existían diversos pinos, algunos de los cuales se conservan, por fortuna. Y donde hoy se levanta la Alquería del Pilar, antes de ser un recreo fue un pinar, llamado “de Navarro” por haber sido propiedad de Antonio Navarro. Fue Lamarque de Novoa quien mandó talar parte de los pinos para, en su lugar, plantar naranjos y construir el edificio principal de la Alquería.

Pero el pinar más destacado que hubo en el término nazareno, fue, sin duda alguna, el pinar de la Carrahola o Carraholilla, situado al este y lindando con el término de Alcalá de Guadaíra. Tan importante fue que el cura Juan Vázquez Soriano, cuando dibujó en 1787 el término municipal de Dos-Hermanas para las respuestas el cuestionario de Tomás López, señaló especialmente la zona, añadiendo: «Fuertes pinales para madera».

En cuanto a destacados propietarios de pinares, debemos mencionar al escribano público Francisco Sánchez “el Viejo”, a mediados del siglo XVI. Andado el tiempo, otros importantes dueños de pinares fueron el monasterio de Santa María de las Cuevas de Sevilla (de la orden de los cartujos), los nazarenos don Tomás Dionisio de Rivas y Juan Ramón Ximénez y el industrial sevillano de origen inglés Nathan Wetherell, estos dos últimos, a principios del XIX.

Es en la segunda mitad de ese siglo XIX cuando, precisamente, se produce el “golpe de gracia” a los pinares nazarenos. En esas fechas se produce el “boom” del comercio de la naranja en Sevilla debido a la gran demanda inglesa (se puso de moda en tierras británicas el desayunar mermelada de naranja amarga sevillana), por lo que se decide en nuestra villa destinar grandes extensiones de tierra al cultivo de este cítrico. Así, proliferaron las huertas de naranjo en la zona de Cantaelgallo y la Carraholilla, pero a costa de los extensos pinares que había en esos pagos. Solo sobrevivieron algunos ejemplares que podemos ver en la actualidad.

Autor e imágen: Jesús Barbero Rodríguez, 2022, publicado en su página de facebook "Dos Hermanas. Crónicas de un pueblo"